Uno de los argumentos que suele utilizarse para defender la idea de desendeudarse con los organismos multilaterales y, en cambio, abrirle la puerta a Venezuela como prestamista de última instancia, es el supuesto de que no nos pone condicionamientos. Nos cobra más (el triple), pero no nos impone determinados cursos de acción o políticas. ¿Es tan así? Los recientes acontecimientos a nivel regional parecen ir en dirección contraria a esta afirmación. Es cierto que el gobierno americano se manejó con desprolijidades en el tema de la valija, pero las violentas reacciones recientes de funcionarios argentinos de primera línea no hacen más que colocarnos, casualmente, junto a Bolivia y Venezuela (atravesando sendas crisis diplomáticas con EE.UU.). Una vez más, nos peleamos con los paises medianamente serios y nos seguimos cerrando en los mismos escasos “socios” del, ahora lejano, primer gobierno K. A nivel internacional, Argentina frecuentemente es ubicada en el “medio”, como quien no se decide acerca de donde estar. ¿Chile, Brasil y Uruguay? o ¿Cuba, Bolivia y Venezuela?. Esta indecisión tiene altísimos costos en términos de credibilidad y apertura al mundo.

En la situación actual, esperemos que los términos del acuerdo stand-by con el bolivariano no lleguen tan lejos como para que terminemos sin embajador argentino en USA..