Cuando parecía que ya nada podía sorprendernos, los Kirchner se encargaron de agregarle otra página al voluminosisisisimo libro de la degradación institucional, a la vez que demuestran un instinto envidiable para detectar suculentos nichos de negocios. Resulta que ahora fundaron una consultora, cuyos objetivos son, entre otros, asesorar a sus clientes en planes de inversión. Si, escuchó (leyó, mejor dicho) bien. Una firma cuyos socios son la actual presidenta y el ex presidente le dan, a cambio de una suma de dinero, consejos acerca de como asignar sus recursos. ¿No es una propuesta muy tentadora para cualquier empresario que las personas que influyen decisivamente sobre las variables relevantes para su negocio le sugieran hacia dónde ir?. El problema, claro está, es que se genera una peligrosa fusión entre lo público y lo privado. ¿Los socios revelarán información ligada al gobierno a cambio de ARS? ¿Modificarán ciertas variables en beneficio de sus clientes? ¿Lucrarán gracias al cargo de sus dueños? ¿Posible conflicto de intereses? ¿Beneficios espurios de empresas basados en inside information? . Si tuviera una consultora que compitiera en el mismo ramo que la de los K empezaría a preocuparme. Como ciudadano que pretende un país mejor, definitivamente abandoné el optimismo.