Luego de 5 años de gobierno progre, nacional, popular e industrialista, el sistema ferroviario se encuentra colapsado, en peores condiciones aun que a finales de la década del 90. Funcionarios de este Gobierno suelen atribuirle la responsabilidad a los concesionarios privados y a los gobiernos que les abrieron la puerta (esa rara costumbre argentina de culpar al que estuvo antes). En parte, esto es cierto. La manera en que se confeccionaron los contratos de concesión y el escaso control estatal sobre los operadores derivó en una monumental destrucción del patrimonio de estas empresas, la pérdida de miles de km. de vías y una notable degradación de los servicios. Esto ocasionó la eliminación de miles de puestos de trabajo, la condena a la desaparición de innumerables pueblos que dependían del ferrocarril, el colapso de la red vial y un tremendo salto en los costos de los fletes para transportar la producción (es muchísimo más económico movilizar 1 tn. del producto X en tren que hacerlo en camión). Hasta aquí, le damos la razón al Gobierno. Pero un Gobierno, más que para buscar culpables, fue elegido para buscar soluciones. De este modo, en 2003, con el fin del “neoliberalismo”, las cosas debieron haber cambiado y el Estado, ante el calamitoso panorama, debiera haber retomado la iniciativa, revisando los contratos de concesión y recurriendo a la Justicia en caso de incumplimientos. En el caso de los contratos que eventualmente hubieran caído, el Estado podría haber retomado la prestación de los servicios o concesionarlos nuevamente (esta vez si, exigiendo inversiones y ejerciendo la regulación que corresponde). ¿Qué se hizo desde entonces? NADA. Continuó el deterioro de los servicios, con la diferencia de que el Estado comenzó a poner cada vez más recursos (que salen del IVA sobre la leche, como le gusta decir a la Presidenta), mientras se practicaba un capitalismo de amigos, que continuó liquidando el patrimonio ferroviario (e.g. Taselli). Otra vez, el Estado bobo. Pone la plata, no controla y las ganancias quedan para los privados. El Gobierno, asesorado por quién sabe quien, tiene una particular visión sobre este punto. Supone que la destrucción de los ferrocarriles fue llevada a cabo por empresarios “malos”, sin compromiso de país. Lo que no parece entender es que los agentes no se mueven en el contexto económico por ser buenos o malos, sino que lo hacen de acuerdo a los incentivos que tienen en una u otra dirección. En un contexto donde la incertidumbre sobre el futuro tiende a infinito (Argentina, el pais más volátil del mundo en los últimos 30 años, queda contenida en esta definición) los agentes tienen como objetivo maximizar su beneficio en el corto plazo (con crisis recurrentes, todos buscan ganar hoy y lo que pase mañana es irrelevante). Si a esto le sumamos el nulo control estatal, se entiende la razón por la cual el stock de capital que, aunque con corrupción e ineficiencia en el medio, había logrado construir el Estado con el esfuerzo de todos los argentinos a lo largo de varias décadas fue liquidado en beneficio exclusivo de privados. Bueno, no sólo privados. Aunque el cometa Halley pasó cerca de nuestro planeta por última vez en 1986, otros (u otras) cometas anduvieron dando vueltas por la Argentina. Pero eeeen fin, ¿No sería hora de empezar a generar estos incentivos? Con la mal llamada “política estatista” K, lo único que hicimos en estos 5 años fue volver al Estado bobo, con privados exprimiendo fondos y capital público (con la salvedad de que ahora el Estado es más bobo todavía que en los innombrables 90′s, ya que no sólo no controla y lo desguasan como en ese entonces, sino que encima pone plata!).
Considerando el deplorable estado del sistema y la ausencia de políticas públicas en un sector clave para la competitividad de la producción nacional, ¿no habrá otras prioridades por encima del tren bala?
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Ah no no no. Pero si eso es asi estos tipos blanquean todo y se van al carajo.
Se viene hablando de que todo argentino que compra una empresa privatizada tenia el aval de los Kirchner. Ahora lo van a tener de su consultora.
Saludos