Confiar o no confiar

 

Primer post en sonlasinstituciones, y, como no podía ser de otra manera, vamos a hacer referencia a uno de los temas “de moda” en relación con la tan nombrada (y no siempre entendida) calidad institucional: la confiabilidad de las estadísticas oficiales. Pero alguien preguntará.. ¿Qué tienen que ver las estadísticas con las instituciones? ¿Con el clima económico? ¿Por qué tanto revuelo?

Para contestar la pregunta, pensemos en un mundo sin estadísticas. Difícilmente podríamos tener alguna certidumbre sobre las variables económicas clave para la toma de decisiones (ahorro, inversión, consumo, etc), por lo que el costo de transacciones tendería a infinito. Ahora pensemos que si existen, pero que cada agente económico tiene las suyas (cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia). Los costos quizás no serían infinitos, pero si muy elevados, dado que los agentes, al contratar, deberían ponerse de acuerdo acerca del estado del  entorno económico que los rodea.

Es por estos inconvenientes que las sociedades suelen alcanzar un consenso y asignan la confección de estadísticas más relevantes para la vida económica a alguna institución en la cual depositan su confianza (aparte de las economías de escala que se obtienen, dadas las características de bien público de la información).

Asimismo, un buen diagnostico siempre es el primer paso en el diseño de políticas publicas que tiendan a maximizar alguna función de bienestar social, y sin estadísticas no hay posibilidad de realizarlo.
De lo antedicho se deduce que la falta de credibilidad que sufren las estadísticas oficiales en estos últimos tiempos generan un daño gravísimo al país (en términos de incertidumbre, tasas de interés, cierre de mercados, ajustes de precios “por las dudas”, etc). Pero antes de estudiar las consecuencias, sería mejor analizar un ejemplo concreto para determinar si podemos confiar o no en nuestras estadísticas.

El pasado viernes se dió a conocer el Estimador Mensual de Actividad Económica, un indicador que suele tomarse como proxy del PIB,  con los datos correspondientes a junio, que arrojó un crecimiento de la economía del 6.5% en términos interanuales y una caída del 0.8% con respecto a mayo en la serie desestacionalizada. Como se ve, los datos difundidos por el INDEK reconocen una cierta desaceleración de la economía en junio, que, junto con marzo, fue uno de los meses donde el conflicto con el campo se sintió de forma más virulenta. La expansión interanual fue la menor en dos años, y la caída mensual, la mayor en cuatro.

Sin embargo, y pese al “reconocimiento”, ¿podemos confiar en estos guarismos?. Un simple ejercicio de comparación con otros indicadores (algunos difundidos por el propio organismo oficial) nos permite, por lo menos, plantearnos algunos interrogantes.

Comencemos por el desempeño de algunos indicadores de producción adelantada, que suelen darse a conocer en algunas ramas de la producción en los primeros días de cada mes. El informe de ADEFA de junio consigna un incremento interanual de poco menos del 8% en la producción de automotores. Si bien positivo, el número representa una fuerte desaceleración respecto a los meses previos (se venía creciendo a tasas promedio del 30% en los 12 meses previos). Por el lado del cemento, la producción se desplomó 8.5% respecto al mismo mes del año anterior, mientras que los despachos al mercado interno, muy correlacionados con la dinámica de la actividad de la construcción, cayeron casi un 11% en dicho periodo. Sin embargo, hasta aquí podemos concederle al EMAE el beneficio de la duda, dado que estos últimos datos son aportados, al fin y al cabo, por cámaras empresarias, esos agoreros que siempre buscan ríos revueltos y ganancias de pescador. Sería mejor, claro, que estudiáramos los datos oficiales, para despejar toda inquietud.

Nada mejor que observar el comportamiento del Estimador Mensual Industrial, indicador que cuantifica el desempeño de la producción industrial, y que es uno de los que permanece relativamente al margen de las sospechas de manipulación. La industria representa una parte importante del producto (mayor que el agro, desde luego). Según el INDEC, la producción industrial de junio fue un 1.6% superior a la del mismo mes del año pasado, y se contrajo un 4% respecto a mayo. Oh sorpresa, el organismo de estadísticas reconoce un fuerte freno de la producción en junio. Ahora podemos mirar los resultados del EMAE con otros ojos. Sin embargo, es esto suficiente para tantas dudas?. Claro que no. La economía, pese al tan mentado “Modelo Productivo”, está compuesta por otros sectores. Podríamos suponer que, por ahí, el agro tuvo un desempeño fenomenal en junio. La intensificación del lockout en ese mes, los cortes de ruta y el clima enrarecido nos permiten, en una primera instancia, inferir que este no fue el caso. Pero no sólo de agro e industria vive el hombre. Pasemos a los servicios, que representan una parte sustancial de la economía (mayor que el agro y la industria sumados).  Primer candidato: el comercio. Recordemos que una de las consecuencias del conflicto Gobierno-Agro fue la ruptura de la cadena de pagos, por lo que la porción de este sector vinculada con la actividad agropecuaria probablemente no fue la estrella del mes. ¿Y el transporte? Al paralizarse el movimiento de la cosecha y con la economía sin rutas, es poco probable que este sector haya impulsado el crecimiento. Aun así, no todo está perdido. Existe la construcción. ¿Habrá crecido a tasas siderales?. Sin buscar ser aguafiestas, el propio INDEC se encarga de aclarar este último interrogante. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción registró una caída del 6.4% en la serie original respecto al mismo mes del año anterior. De este modo, la construcción queda descartada, por razones obvias, como motor del crecimiento en junio.

A esta altura, parece que tenemos que resignarnos, tristemente, a no creer en el número mágico del 6.5. Sin embargo, el INDEC puede ensayar una última defensa con un sector que omitimos hasta ahora: la intermediación financiera. Por algún motivo la city puede haber estado de fiesta y, pese a los magros indicadores de otros sectores, quizá traccionó por si sola a la economía. Lamentablemente, si observamos los datos publicados por el BCRA, esta desesperada defensa se desmorona. En efecto, durante el mes de junio los depósitos totales no sólo no crecieron, sino que se contrajeron un 0.65% respecto a mayo (los privados cayeron un 1.6%). Los prestamos al sector privado tuvieron mejor suerte, aunque marcaron una fuerte desaceleración en su tasa de crecimiento, al expandirse apenas 0.66% en el mismo periodo.

Dadas las limitaciones varias, nos han quedado numerosos sectores por analizar. Pero no es difícil intuir que, salvo que se haya registrado un comportamiento inusual en alguna de las actividades remanentes (e.g. administración pública), el dato publicado por el INDEC el día viernes representa otro capítulo en la destrucción de nuestras estadísticas, con las nocivas consecuencias que dicho accionar acarrea.

 

 

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