¿Por qué se mueren los pibes?

Según una nota reciente en La Nación:

La ministra de Salud, Graciela Ocaña, reconoció que la mortalidad infantil creció durante 2007, según los resultados preliminares de las estadísticas oficiales basados en datos de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

“Todo hace prever que 2007 ha tenido un incremento entonces de la mortalidad infantil”, declaró la ministra durante una rueda de prensa con corresponsales extranjeros. Las tres provincias citadas integran el grupo de distritos más ricos del país, donde está localizado el centro industrial y agrícola-ganadero argentino.

Según indica la agencia de noticias alemana DPA, la funcionaria señaló que las causas serían el invierno duro que se sufrió en 2007 y la falta de infraestructura hospitalaria suficiente para afrontar la epidemia de enfermedades respiratorias, entre ellas la bronquiolitis.

Poca inversión en salud. “Hace falta mucha inversión”, señaló Ocaña, que lamentó el fracaso de las retenciones móviles y el aporte extra de dinero que hubiera supuesto el plan de infrastructura social.

Qué tema, ese de quejarse de la situación estando en gestión pública como si se fuera impotente.

Año a año, el gobierno subestima la tasa de crecimiento de la economía y la tasa del aumento de los precios. Así, cuando se vota la ley de presupuesto los ingresos del estado (y por ende, los gastos) son mucho menores a los que se terminan ejecutando realmente a fin de año. Este mecanismo le permitió al gobierno eludir controles parlamentarios, pues a partir aproximadamente del mes de agosto las ampliaciones del gasto (como la que están por enviar al Congreso en estos días) se hacían por DNU y la distribución de esos recursos obviados en la ley de presupuesto, por Decisión Administrativa del Jefe de Gabinete. Como todos los años los recursos realmente recaudados por el gobierno terminaron siendo muy superiores a los consignados en la ley de presupuesto, es raro ver que haya partidas donde el gasto efectivo haya sido menor que el gasto votado por los legisladores.

Hay algunos ejemplos bastante dolorosos de partidas sistemáticamente subejecutadas (todos los años se gasta menos que lo votado en la ley de presupuesto, y no se corrije el error ni gastando más ni presupuestando menos). El Ministerio de Salud de Ginés González García y Graciela Ocaña, en el período 2003-2007, cuenta con una leve subejecución. Esa leve subejecución se puede abrir en una marcada sobreejecución de algunos programas, particularmente la burocracia del ministerio, y una marcada subejecución en varios programas críticos. Algunos (no todos) de los programas con los peores casos de subejecución son:

  • Atención de la madre y el niño. Vigila la nutrición materno-infantil y provee leche en polvo y medicamentos, da insumos, etc.
  • Lucha contra el SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual. Realiza tareas de prevención, atención a enfermos y distribuye preservativos.
  • Detección y tratamiento de enfermedades crónicas y conductas adictivas. Provee medicamentos oncológicos, control de tabaquismo, diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc.
  • Emergencias sanitarias.
  • Contribuciones a organismos descentralizados. Acá está el Hospital Garrahan, Posadas, INCUCAI, Hospital Sommer, Instituto Malbrán, Colonia Montes de Oca y otros.

Al margen de la cuestión presupuestaria, el gasto real (“en términos de bienes”) se incrementó en algunos de esos casos, pero con tal nivel de volatilidad entre ejercicios que seguramente haya sido difícil programar un adecuado desarrollo de los programas. Respecto de lo que es el sector público, recién en 2007 algunos de esos programas dejaron de perder o mantener su participación en el total.

Éste es un caso de redistribución negativo. No sólo no se intenta revertir la situación de vulnerabilidad en que quedaron amplios sectores luego de la crisis de 2001-2002, sino que se desvían fondos de las áreas más críticas de salud hacia otros destinos por fuera del debate y control del Congreso.

Anuncios