Si tiene pico y hace cuac, es pato

En los últimos días el gobierno ha lanzado una intifada contra las consultoras privadas que han publicado sus estimaciones de la tasa de inflación, por considerarlas parte de una campaña desestabilizadora de la derecha autóctona. Más allá del aspecto mediático del asunto, vuelve a colocar en primera escena una pregunta fundamental: ¿Se ha convertido la economía argentina en una economía de alta inflación? ó ¿Es acaso que la sociedad sufre una suerte de psicosis colectiva inducida por la experiencia histórica?

Los comportamientos en contextos de alta inflación ha dado lugar a una amplia literatura, particularmente fecundo ha sido el estudio de los comportamientos de los agentes derivados de operar un ambiente de inflación creciente y de máxima incertidumbre. Quizá el trabajo que mejor resuma las consecuencias de la economía de alta inflación ha sido el libro High Inflation de DH y Axel L, estos autores señalan que la inflación es particularmente nociva para el crecimiento. En un contexto de alta inflación los agentes se ven inducidos a modificar sus conductas como forma de adaptación, se destaca el efecto sobre el mercado de capitales, donde se observan con toda vehemencia el acortamiento de plazos de los contratos ante la falta de certeza sobre la trayectoria de precios futura y la potencial necesidad de renegociar el contrato en el corto plazo. Al destruirse la intermediación financiera a largo plazo, languidece la oferta de crédito, y los proyectos de inversión de mayor maduración pierden financiamiento, desplazándose el remanente de oferta crediticia a financiar maniobras especulativas de corto plazo para evitar el deterioro en valor real de los activos. Al mismo tiempo, la gente rechaza la moneda, y trata de deshacerse de sus tenencias de saldos reales, adelantando consumo por ejemplo, lo que sólo agrava el problema de demanda a corto. Otra conducta habitual es el endeudamiento para consumo de bienes durables, lo que genera serios riesgos si este es excesivo y los agentes mañana se encuentran en un estado de la naturaleza en el que no pueden cumplir sus promesas (debemos mencionar que este efecto se moderará apenas las firmas corten el crédito a cuotas como consecuencia de la pérdida real si la inflación se acelera). Como todos los contratos se renegocian con más celeridad, la puja salarial reaparece cada unos pocos meses, como consecuencia de que el salario acordado unos meses antes se vio deteriorado por la inflación acaecida.

El cuadro resalta un escenario claramente nocivo para el crecimiento, donde la demanda se resiente a medida que cae el poder de compra de los salarios( by the way, la inflación no es neutra en términos distributivos, el impuesto inflacionario recae principalmente en los sectores de menores ingreso), conflictos sindicales, falta de crédito a largo plazo, y distorsiones en el sistema de incentivos que comienza a premiar la especulación financiera y el manejo de caja de las firmas por sobre la inversión productiva.

Ahora bien, ¿Qué ha pasado en la Argentina en 2008?

Como es de público conocimiento, hace meses que dejaron de ofrecerse las 12 cuotas sin interés, comportamiento que no puede explicarse si no es porque las firmas dejaron de considerar rentable vender en pesos devaluados de aquí a 12 más (con una inflación esperada imposible de calcular con cierta precisión). También han sido recurrentes los conflictos salariales, los acuerdos por montos no remunerativos, algo anormal en una economía con inflación por debajo de los dos dígitos anuales. Por el lado de la demanda de dinero, hemos visto que el agregado M2 ha caído, en el contexto de una economía que supuestamente crece por lo que las cuentas transaccionales deberían subir y no caer.

Conclusión: si tiene pico y hace cuac…

 

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