Club de París: ¿y ahora..?

Luego del (saludable) debate acerca de la conveniencia o no del pago cash con reservas al CP, podríamos intentar repasar algunas implicancias de dicho anuncio, con la comodidad de que, transcurridos dos días hábiles del anuncio, tenemos algunos datos sobre las primeras reacciones de los agentes involucrados (dos días, claro está, no pueden marcar tendencia, pero nos dan una somera idea del impacto de la noticia).
¿Qué pasó, entonces?
Lejos de un shock de confianza, tanto el dólar como los bonos y las acciones tuvieron comportamientos marcadamente negativos.
La divisa norteamericana pegó un “saltito” de dos centavos en el segmento mayorista, aunque fue rápidamente controlado por el BCRA. Esto ocurrió en parte por las dudas vinculadas a la trayectoria futura del TCR, que pierde competitividad aceleradamente (lo que impulsaría una corrección al alza), sumado a que en algún momento el Central saldrá a recomponer reservas, presionando sobre la demanda.
En el caso del MERVAL, el anuncio cayó en un mal momento global y, los “beneficios”, si es que los hubo, se diluyeron ante el pésimo desempeño que tuvieron las compañías vinculadas al sector petrolero (o proveedoras de insumos), que tienen un peso enorme en la composición del índice.
El caso de los bonos es más ilustrativo. En la jornada de ayer perdieron un 2% de su valor en promedio, mientras que hoy se registraron bajas particularmente importantes en el caso del Discount en ARS (-3.1%) y el Bogar 2018 (-2.2%). ¿Cómo? ¿no era que a partir de la cancelación de la deuda con el CP íbamos a demostrar voluntad de pago y eso iba a despejar un poco el horizonte? ¿Cómo es posible que los mercados no se hayan dado por enterados? Bueno, si, el mercado se dio por enterado. Los funcionarios de los países integrantes del Club salieron a aplaudir la decisión (obvio, cómo no vas a aplaudir cuando te pagan en cash una deuda???), aunque dejaron en claro que la deuda es de USD 7.900 mill. (los USD 6.700 que anuncio Cristina serían el capital y los intereses vencidos a la fecha). Pero en los centros financieros, todo siguió igual. O aun peor. Circularon varios informes que conjeturan que está decisión se hizo para evitar auditorias mas que para mostrar un compromiso real de pago. Intencionados o no, dichos informes son muy tenidos en cuenta por quienes toman las decisiones. Por otro lado, la decisión se tomó a puertas cerradas sin consultar a Redrado, con lo cual quedó en claro que no existe la autonomía del BCRA y que el verdadero dueño de las reservas es el Tesoro. Esto último tiene una implicancia no menor. Desde la concreción del canje, los holdouts vienen intentando cobrarse su deuda por varias vías. Una de ellas, las RRII del BCRA. El Gobierno siempre argumentó que dichas reservas no pertenecían al sector público no financiero, sino al BCRA y, como en teoría el ente monetario es autónomo, no podía disponer libremente de ellas. Con el anuncio del miércoles, queda en claro que, de facto, el Tesoro puede disponer como desee de dichas reservas, parte de las cuales se denomina, por exceder el respaldo de la BM, de “libre disponibilidad”. Nombre curioso si las reservas son del Central, ¿no?. Esta delicia para los abogados de los fondos buitres se ve avalada, además, por un error grosero en la redacción del decreto (Zannini, hello!). Allí se consigna que el pago se realizará con “reservas del BCRA”, en lugar de aclarar que el Tesoro se las “comprará” mediante una letra. Así, se confirma que el Tesoro puede disponer discrecionalmente, en el tiempo y la forma que le plazca, de las reservas del Central. El decreto puede enmendarse, pero queda el antecedente y puede usarse como elemento en un juicio.
Otra perlita, que en un país con un mínimo respeto a las leyes generaría un escándalo: las reservas de libre disponibilidad son una figura legal que se creó luego del pago al fondo y su uso queda restringido al pago de deuda a organismos internacionales (BID, BM, CAF). El CP no es un organismo internacional, sino algo así como un conjunto de países que discuten “informalmente” cuestiones relacionadas a deudas comunes. Sin embargo, dado que vivimos en Argentina, es poco probable que esta traba jurídica genere algún ruido.
Ah, y dado que hay dudas sobre el financiamiento del año que viene (justificadas o no, lo planteamos en otro post), no parece ser la mejor opción pagar deuda que era posible refinanciar, y cuya regularización sólo abre la puerta a préstamos corporativos (siii, tren bala incluido!!). No genera acceso inmediato a los mercados voluntarios y se utilizan reservas que, en última instancia, pueden servir como una garantía (al menos en los papeles) de cierre de las necesidades de financiamiento del año que viene.
Finalmente, ¿qué tendría que pasar para recuperar la confianza entonces? Dejar de manipular las cifras de inflación, y que de a poco converjan al valor real. Para atrás no podés sincerar porque estarías avalando un default de facto, lo que dejaría las puertas abiertas a infinidad de juicios. En el caso de los holdouts, debería evitarse reabrir el canje, o tendría que hacerse en condiciones mucho peores que en el primer canje. En su mayoría son fondos cuyo negocio es litigar, y que en su momento no dudaron en timbear al 13% en dólares en un país que se venía a pique (a mayor riesgo mayor tasa, ¿o no lo sabían?).
Por otro lado, el Gobierno debiera despejar las dudas sobre la trayectoria fiscal, con un gasto creciendo a un ritmo más cercano al del PIB nominal (no se pide un ajuste, sólo una moderación). Y tiene que atacar, de una vez por todas, el tema de la infla (nuestro amigo Elemaco, por ejemplo, propone un plan de estabilización). La reacción final y los efectos que traerá en el mediano plazo está decisión aun son inciertos. Pero podemos aventurar que si el Gobierno no da un giro copernicano en su política, el supuesto efecto positivo de esta decisión se diluirá rápidamente. Los costos quedarán. Y todo seguirá igual. O peor.

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