Reflexión sobre la crisis del Parque Indoamericano

Afortunadamente, se llegó a un principio de solución en la dramática situación social que comenzó con la toma del Parque Indoamericano. Si bien tardía, y con 3 (¿o 4?) muertos detrás, es un gran avance que Macri y el Gobierno Nacional hayan dejado por un segundo la rosca política de lado y se hayan reunido, aun con sus discrepancias, para buscar una forma de resolver el conflicto.

Aunque no es bueno buscar culpables (esto pasó los primeros días de la toma, con las consecuencias que conocemos), sino más bien soluciones, me gustaría dar mi opinión sobre la responsabilidad que le cupo a cada nivel de Gobierno, y mi visión sobre el conflicto. Desde ya, es sólo un punto de vista más, y está totalmente abierto al debate y las críticas, pero escuché tantos comentarios profundamente ideologizados (desde el fascista e ingenuo “rajemos a palos a todos estos vagos” al irresponsable y no menos ingenuo “viviendas para todos en el parque”). Vamos por partes. Primero las responsabilidades:

Gobierno Porteño

  1. Una profunda incapacidad para entender los conflictos sociales. De acá que se haya buscado la represión de entrada, sin sentarse a analizar y a buscar soluciones duraderas y sustentables.
  2. Una xenofobia alarmante y muy pero muy preocupante. Macri, basado en encuestas, giró aun más a la derecha y fue con el típico discurso contra los inmigrantes. Pero los datos lo desmienten. La inmigración no explotó (al contrario, seguramente era mayor en la época del 1 a 1), y además la tasa de actividad (% de gente trabajando o buscando trabajo) es mayor entre los inmigrantes bolivianos y paraguayos que entre los argentinos. Tampoco es cierto que “no pagan impuestos”, como muchos creen para excluirlos de la provisión de servicios sociales básicos. Cuando un boliviano compra pan, está pagando Ingresos Brutos para la Ciudad e IVA para la Nación, a la vez que está incrementando la facturación, las ganancias y la demanda de mano de obra del comercio (aumentando la reca de impuestos como Ganancias, Monotributo y las cargas de la seguridad social, incrementando el consumo y dando trabajo). En resumen, debe haber chorros y vagos como hay argentinos chorros y vagos, pero son más, en porcentaje, los inmigrantes que quieren trabajar que los argentinos que quieren trabajar, a la vez que contribuyen con su actividad al desarrollo del país. Si queremos “justicia”, a los inmigrantes hay que darles lo mismo que a los argentinos.
  3. Una ineptitud absoluta para utilizar los fondos de los que ya se dispone. Macri siempre hizo énfasis en la gestión, pero no llegó a ejecutar ni el 20% de los fondos que la Legislatura le autorizó para viviendas en 2010. Tiene razón cuando dice que la Ciudad no le puede resolver los problemas a todo el país, pero si no cumple su parte, no tiene derecho a reclamar.
  4. Una especulación política miserable. De entrada se buscó tirarle el fardo al Gobierno Nacional, como si el Gobierno Porteño tuviera cero responsabilidad en esto. Y ni hablar del apadrinamiento de mafias y punteros políticos, que son los que realmente lucran con quienes lo necesitan.

Gobierno Nacional

  1. La continuación de una política económica y social que no resuelve los dramas estructurales del país. El país creció como nunca desde 2003 (parte suerte, pero también gran parte mérito de K), pero la pobreza sigue afectando a 1 de cada 3 personas. Basta salir a la calle, y ni hablar de recorrer el sur de la ciudad, el Conurbano o las ciudades del interior para darse cuenta que el país del INDEK, de explosión del consumo y 3% de indigencia, es una gran mentira. El conflicto social ocurre en un país donde las mineras, las cerealeras, las automotrices y los bancos tienen ganancias record. Mientras no se avance hacia un modelo inclusivo e integrador en serio, no hay solución para el déficit habitacional, la pobreza o la inseguridad. El Gobierno Nacional no puede desentenderse de esto.
  2. Esconderse detrás del discurso progre para lograr rédito político, pero en los hechos hacer lo contrario. Además de lo dicho en el punto 1, aprovecharse de la estupidez de Macri para diferenciarse de la “xenofobia”, pero en la práctica no hacer nada para que los inmigrantes se sumen a la sociedad. No es menos xenófobo tener una ley migratoria laxa, pero a la vez no darles herramientas a los inmigrantes para que se integren y puedan gozar plenamente de sus derechos. Esto los condena a apilarse en villas, a laburar en negro y a ser explotados por mafias y narcos.
  3. Tirarle el fardo 100% a Macri, cuando es claro que la problemática de miseria y crisis habitacional en la Ciudad se inscribe dentro de una complejísima realidad social que incluye al Conurbano y al modelo de país, que lleva décadas. Si tanta gente quiere concentrarse en la Ciudad, o cerca de ella, es porque en el Conurbano y el interior no hay posibilidades de trabajo ni de progreso social. Y si hay gente del Conurbano que busca ir a los hospitales o las escuelas de la ciudad, es porque la calidad de las mismas en el Conurbano, mayormente gobernado por el kirchnerismo, deja mucho que desear.
  4. La misma especulación política pequeña y miserable de Macri. Con la salvedad que el Gobierno controla las fuerzas federales y todavía es responsable de la seguridad en la Ciudad. El intento de desgastar a Macri liberando la zona causó muertos y heridos, y puso en riesgo la vida de quienes estaban dentro y quienes estaban fuera del Parque. No había que mandar a la Federal, a Gendarmería o a Prefectura a reprimir, sino a proteger a todos los que estaban ahí. Cuando el Estado desaparece, rige la ley del más fuerte, su lugar lo ocupan mafias y narcos, y los perjudicados son los más vulnerables. Todo es discutible (planes de vivienda, ley migratoria, Macri, Cristina), menos la obligación del Estado de hacerse presente para proteger a TODOS los ciudadanos.

Además de ver quién es responsable, y en qué grado, es importante tratar de entender el conflicto, sin caer en ingenuidades ni prejuicios ideológicos (del tipo “pobrecitos los pobres”, “son todos vagos”, “cerremos las fronteras” o “como odio a Macri, le tiró todo el fardo a él”). La realidad es muy compleja, e intentar reducirla a uno o dos hechos estilizados es muy grave. Si los conflictos no se entienden, si no se diagnostican correctamente, encontrar una solución duradera y beneficiosa para todos es imposible.

Es claro que en este tema de las tomas el problema de fondo es la situación de marginalidad y pobreza que sufre gran parte de la población, agravadas por un Estado Nacional, Provincial y Porteño ausente. Sin embargo, no hay que olvidarse de las mafias, muchas veces bancadas desde la política, que explotan a esta gente y los utilizan para beneficios. En la toma hubo de todo. Una inmensa mayoría de gente necesitada, desesperada, pero engañada y muchas veces movida por punteros y mafias. En el parque se mezclaba gente que quería su pedacito de tierra, barras que defendían su negocio, mafias que no querían perder el enorme negocio inmobiliario que se da en las villas (alquilando casillas infrahumanas a familias por $1.000 mensuales) y miserables que loteaban terrenos del parque para luego vendérselos por $500 o $600 a gente desesperada. Ni hablar de lo complejo que es el conflicto, que una de las primeras denuncias por ocupación la hicieron las progresistas Madres de Plaza de Mayo, pidiendo la presencia de la fascista Policía Metropolitana para impedir la toma de su predio por gente desamparada.

Pero de nuevo, el problema de fondo es la marginalidad. Una persona con trabajo digno, acceso a la educación y a la salud, y una vivienda humana, difícilmente pueda caer en las garras de la mafia.

Si bien corresponde a todas las instancias involucradas arribar a una solución, es imprescindible el diálogo, sin exclusiones, sin miserias políticas y sin privilegiar intereses personales o partidarios. En mi opinión, en cualquier solución deberían tenerse en cuenta los siguientes puntos:

  1. Trabajar fuerte para incorporar a la sociedad a los excluidos, dando documentos (sin los cuales no pueden acceder a planes como la Asignación Universal por Hijo) y haciendo que el Estado llegue a las zonas más postergadas. Urbanizar las villas, poner escuelas, comisarías, luminarias, centros de salud, abrir calles, etc. Que no sean barrios de segunda, sino barrios como cualquier otro. Esto es relativamente rápido, pero requiere mucha decisión política. Por ejemplo, no se entiende por qué Macri invierte en las plazas de Recoleta o en el Rosedal, pero deja convertido en un baldío al Parque Indoamericano.
  2. Cambiar el modelo de país, hacia uno más inclusivo y con igualdad de oportunidades. Si bien esto lleva tiempo, algún día hay que empezar. Nunca se va a bajar la pobreza con casi 25% de inflación, que se intenta negar desde las estadísticas oficiales. Basta de pibes perdidos por la droga en las calles, basta de gente durmiendo a la intemperie, basta de desidia del Estado. Esto implica también un desarrollo más federal, dando oportunidades en el interior para que la población no siga concentrándose en el AMBA.
  3. Hacer cumplir las leyes. El primer paso es reducir el conflicto social, con diálogo y oportunidades. Pero esto no puede hacernos olvidar que hay cosas inaceptables, como la toma de espacios públicos y el avasallamiento de la ley. Un país no puede vivir permanentemente en conflicto, con tomas, cortes de calles, paros, etc. Y no porque uno sea amante del orden o de la paz de los cementerios, sino porque son situaciones que elevan la incertidumbre, el caos, la violencia, reducen la productividad e impactan en la generación de riqueza, empobreciéndonos a todos. Es cierto, cuando la gente está desesperada hace cualquier cosa, con lo cual hay que lograr que la gente no esté desesperada. Luego, hay que respetar la ley y punto. No puede ser que siempre se busquen excusas para no cumplirla.
  4. En este caso puntual, avanzar en un plan de viviendas en serio, financiados por la Nación, las provincias y los municipios, para terminar con el déficit habitacional. Desde ya, esto no implica regalarle la casa a nadie. La entrega de viviendas debe ir acompañada de un plan de pagos, acorde a la capacidad de cada familia en situación de vulnerabilidad. Si hoy le pagan $1.000 por mes a un mafioso por el alquiler de una casilla de chapa miserable, que le paguen $500 por mes al Estado para ser dueños de una vivienda digna. Sin regalar, pero con un plan de pagos plurianual, cuotas pequeñas y una tasa de interés subsidiada (que puede ser 0%).

En resumen, es un conflicto solucionable, y mucho más complejo que el simple “Macri facho” o “bancar vagos”. Pero requiere un debate abierto y democrático sobre medidas de corto, mediano y largo plazo. Mientras el Gobierno Nacional y Macri privilegiaron la rosca, hubo muertos, heridos, caos, proliferación de tomas y negocios mafiosos. Cuando se juntaron y dialogaron como debe ocurrir, el panorama cambió. Volvió la seguridad a la zona, y surgió la promesa de una solución. Ojala los muertos no hayan sido en vano, las promesas esta vez se cumplan y todos nosotros estemos a la altura de las circunstancias para construir un país mejor.

 

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