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  • multifernandez 3:52 pm el Saturday 9 · January · 2010 Permalink | Responder
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    Lo que diga la Carta Orgánica no pincha ni corta 

    Un par de ideas que tiré en un comentario en el excelente blog de gA (http://www.saberderecho.com) para tratar de entender la cuestión de fondo en toda la rosca esta de Redrado y las reservas.
    1. De acuerdo con la ley 26.122, que regula el dictado de los DNU, un decreto tiene fuerza de ley hasta que el Congreso lo anule, si se da tal cosa, o la justicia lo declare inconstitucional por incumplimiento de la correcta fundamentación de la necesidad y la urgencia (u otro motivo).
    2. Una ley posterior (o norma con fuerza de ley) siempre sobreescribe a una anterior, por lo que toda disposición tendiente a buscar estabilidad normativa es inefectiva. Y allí donde haya conflictos prevalecerá la norma más reciente.

    Un ejemplo de esto es la Ley de Administración Financiera 24.156, que establece que ninguna ley de presupuesto podrá legislar sobre cuestiones permanentes; sin embargo, todos los años se modifica la LAF mediante artículos de las leyes de presupuesto.

    Otro ejemplo más relevante al caso: véase la cantidad de modificaciones a la Carta Orgánica del Banco Central introducidas por decreto. Téngase en cuenta además que hubo otros casos similares al decreto de remoción de Redrado del miércoles en que por un DNU se exceptúa por única vez el cumplimiento de un artículo de una ley, que de alguna forma introduce una modificación no permanente en tal ley. Véase al respecto el escandaloso 1472/08, especialmente el artículo 16 (dicha operación… quedará exceptuada de la limitación que contempla el inciso a) del artículo 19 de la Carta Orgánica del Banco Central), pero también los artículos 7, 8 y 15.

    No sería entonces un problema entonces que el decreto de remoción de Redrado se exceptúe a sí mismo de cumplir con el trámite de consultar a la comisión del Congreso a que refiere el artículo 9 de la Carta Orgánica del Central, puesto que se trata de una norma con fuerza de ley posterior a la CO. Y hay antecedentes de cosas así, como los del párrafo anterior.

    3. Dada la 26.122, los efectos de las medidas administrativas de los DNU son instantáneos (remover a Redrado) y no se revierten si el Congreso rechaza el DNU.
    4. Aún si la mierda llegara al ventilador y la oposición lograra llevar un DNU al Congreso, los números en el Senado son tales que es improbable que se le complique al gobierno en los términos del artículo 24 de la 26.122 que exige que ambas cámaras rechacen el decreto para que este se caiga (una cosa es 3 meses de ruralistas cortando rutas y otra el Golden atrincherado en el Central con el mismo directorio y los bancos diciéndole que se vaya). Esto vale en general para cualquier mamarracho administrativo que no tenga la llegada directa a un grupo importante de gente que tuvo la 125. (Y, si no, en general alcanzará con 1. 2. y 3. para lograr el cometido).

    Entonces,

    5. La 26.122 fue una gran jugada de Cristina. Al haber en los hechos aprobación tácita de los mismos y perdurar sus efectos aunque el Congreso los voltee, los DNU son una herramienta perfecta para implementar lo que se quiera y decirle alpiste a quien se queje.

    6. La oposición debería buscar en la justicia al menos la nulidad del artículo 24 de la 26.122, por el cual se requiere el rechazo de ambas Cámaras para neutralizar un DNU y por el que los derechos adquiridos durante la vigencia de un decreto permanecen a salvo aunque se lo rechace luego, y del artículo 17, que es el de la aprobación tácita y el que  más choca con la CN.

    El debate público no debería pasar entonces por si la Carta Orgánica dice tal o cual cosa sobre el proceso de remoción, o sobre si el DNU contradice el mandato del BCRA según su CO, ni tampoco siquiera sobre la composición de la bicameral de control (si no se rechazan los mencionados artículos antes). En lugar de ello debería irse urgentemente y por vía judicial a por los artículos 17 y 24 la 26.122, en función del espíritu de los artículos de la CN sobre los DNU, o bien, curtirse hasta que con el próximo recambio legislativo se pueda reglamentar como corresponde la facultad del PEN de dictar DNU.

    7. Es inútil discutir en este contexto lo que diga tal o cual ley, en tanto no estemos discutiendo medidas o disposiciones que tengan un efecto continuado en el tiempo (ej. una alícuota) y con buenas chances de llegar a la Corte, ganar y hacer todo esto en un tiempo razonable de manera tal que no se anule todo por la consumación de los hechos.

    En tal sentido, es inútil por completo hablar de la Ley de Presupuesto, la Ley de Administración Financiera, la Complementaria Permanente del Presupuesto, la Carta Orgánica del Central y todo el andamiaje legal de la administración pública.

    8. Si la herramienta para atacar a los DNU por la vía judicial va a ser la flojedad de los fundamentos de la necesidad y la urgencia, entonces la oposición va a gozar de una o dos balas de plata hasta que los K logren refinar la técnica y emitir decretos que la careteen aunque sea un poco y disminuyan, amén de amenazas e incentivos a los jueces, las probabilidades de que los mismos sean neutralizados por la justicia. Se hacen entonces más importante aún que se gane una herramienta real para el control de los DNU declarando inconstitucionales los artículos 17 y 24 de la 26.122.

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    • walras 3:58 pm el Sábado 9 · enero · 2010 Permalink | Responder

      Excelente post. La ley 26.122 es peligrosísima en manos de cualquier Gobierno (y ni que hablar en el caso de los K). Es una clara contradicción con el principio de división de poderes y debería irse inmediatamente por la modificación de los artículos citados.
      Mientras tanto, sigue la novela..no se sabe cómo va a terminar, pero es claro que, en el mejor de los casos, va a quedar como un papelón que confirma la pésima imagen que tenemos como país. Y explica por qué estamos como estamos pese a tener recursos naturales, una estructura industrial importante para un país en desarrollo y un nivel de capital humano, pese a todo, no menor.
      De cualquier modo, gracias al Dios Soja y a la inexistencia de desequilibrios macro insalvables, podemos estar tranquilos que, pase lo que pase, es muy difícil volver a tener otro 2001.

  • martinvauthier 4:01 pm el Thursday 6 · August · 2009 Permalink | Responder
    Etiquetas: campo, Credibilidad, , guerra gaucha, , , , , , soja,   

    Medidas para el campo 

    Creemos que el anuncio de nuevas medidas para el campo representa un importante avance, al menos en relación a lo que uno podría esperar teniendo en cuenta la virulencia, profundidad y duración inusual del conflicto. La apertura de las expor de trigo y maiz era clave en medio de la pésima campaña actual, al menos como señal para el futuro al permitir el cobro del precio pleno. Lo mismo puede decirse de la flexibilización del encaje en la ganaderia y los incentivos a los pequeños tamberos. Es un muy buen primer paso para revertir la calamitosa política K hacia el campo.

    No debemos olvidar que pese a los discursos progre y el odio a la “oligarquía”, este Gobierno propició tanto la concentración en el sector agropecuario como la sojización del país destruyendo la rentabilidad de actividades alternativas (de mucho mayor valor agregado). No es que le viniera mal en términos fiscales, ya que de soja se exporta (y queda sujeta a retenciones) alrededor del 95% de la producción. Igualmente, los K tampoco fueron demasiado estrictos respecto a este último punto. Al aceptar  que las exportadoras registraran operaciones a fines de 2007 sin tener disponible la materia prima, tributando 27% de retención, el Gobierno generó millonarias transferencias al oligopolio exportador, que compraba la materia prima con un descuento del 35% ( la alícuota que efectivamente regía cuando debían adquirir el poroto).  De cualquier manera, la política K no sólo falló desde el punto de vista de la equidad. En términos de eficiencia, los resultados están a la vista, como reconoce el último informe de inflación del BCRA (si, el BCRA, no la SRA).

    Dados los antecedentes en la materia, no nos queda otra que ser cautelosos. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, preferimos pensar que esta vez vamos por el buen camino. Con un poco de responsabilidad del Gobierno, manteniéndose permanentemente en la senda del diálogo y dispuesto a entender la problématica del sector sin prejuicios ideológicos, y del campo, evitando los planteos irresponsables (como la reducción a mansalva de las retenciones a la soja), creemos que el sector rural puede volver a ser la punta de lanza de la salida de la recesión, al tiempo que el alza de la producción junto a una presión tributaria razonable y acorde a la capacidad contributiva del sector puede ayudar enormemente a la solvencia del sector público en los próximos años.

    Es hora de dejar de pelearnos por una torta que se achica y generar los consensos para agrandarla y distribuirla.

     
    • Villa 12:12 am el Viernes 7 · agosto · 2009 Permalink | Responder

      La torta no se achica, por lo menos si hablás del campo. Están subiendo todos los precios y los insumos (especialmente los fertilizantes) bajaron con todo. Lo que si se puede hacer es distribuir la torta, pero eso se trató de hacer con la 125 y no quisieron.
      Ahhh, y me da por las bolas que la junta de enlace quiera sacar el ONCCA, no quieren que los controlen, no quieren pagar impuestos. Se ponen a hablar de pobreza uno de los sectores con más empleo en negro, peores pagos y que votaron en contra de la jornada de 8 hs máxima. Sostenían que el peón debe laburar todo el día.
      Bueno, me refui por las ramas, pero me molesta en demasía que le den tanta importancia al campo cuando no representa el mayor sector de la argentina y además no genera casi nada de trabajo, especialmente la soja.

      • walras 11:46 pm el Jueves 20 · agosto · 2009 Permalink | Responder

        Perdón por la respuesta tardía! Ojo que si consideramos el campo como un todo, representa una porción bastante importante del PIB (no sólo la actividad primaria..tiene muchos servicios vinculados, agroindustria, maquinaria agrícola, etc). Pero más allá de eso, creo que el rol del Gobierno tiene que ser otro. En lugar de distorsionar con trabas burocráticas y hacer inviables actividades como la carne o la leche, debería incentivarse un aumento masivo de la producción. Y el rol del Estado ahí tiene que ser garantizar el abastecimiento del mercado interno (la única manera es aumentando la producción), a la vez que debe controlar que no haya empleo en negro y que el campo pague impuesto a las ganancias como corresponde.

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